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El León Sádico...

Mi primer beso no lo doy con la boca, lo doy con la mirada...

Roger Quereigua

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Yo sospecho que Roger Quereigua fue en vidas pasadas un bicho desalmado, tal vez Jack El Destripador o el Monstruo de Mamera pues, en su actual reencarnación, se le ve pagando los intereses de una abrumadora deuda karmática. Tras graduarse en el Centro de Profesores labora durante 10 años como asesor de ventas, tiempo de sobra para expiar cualquier condena, pero no. Asediado por los prestamistas incursiona en el Matatigrismo (corriente de la vida basada en trabajar para 3 ó 5 empresas a la vez con el propósito de llevarse el pan a la boca más las frías del fin de semana)
A veces es introvertido, extrovertido... Un poco de los dos!!!
Lo que le gusta: La buena cocina y su buen aroma, una buena compañía, una pero muy buena lectura, la buena música, excelente sexo, la puntualidad, seriedad y por supuesto una excelente conversación...
Qué no le gusta: La mala ortografía, y lo antónimo de lo que escribí anteriormente...
 

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EL LEÓN SÁDICO...

 

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sagc .wrote:
Esta buena esa rola NO !!! supongo que tiene que ver con la entrada de PRESIDENTE NO !!!!
Jan. 24
sagc .wrote:
BON NADAL
MERRY CHRISTMAS
FELIZ NAVIDAD & A:
Dec. 27
sagc .wrote:

SALUDOS NUEVAMENTE TIENES UN SITIO MUY PADRE !!!!

Nov. 1
Gracias por tu visita y por el comentario... a mí me gusta el colorido, y los simpson ;)
Oct. 27
Anawrote:
Hola! Tu spaces está genial!
Te dejo mis saludos
Y un regalito Sonrisa


▫●☺♥♪♫˚˙*Any*˙˚♫♪♥☺●▫
Sept. 3
gran spaces felicitaciones
Photo Sharing
Aug. 18
Sinceramente tu espacio es el mejor que he visto! ya te lo dije y no tengo ningún problema en reafirmarlo! Interesante, entretenido, muy divertido, me parece que trasluce tu genial personalidad. Eso me hace estar aquí, dejandote mi comentario... Sí! yo que no te conozco, yo que vivo muy lejos, pero algo debo decir... No me importa!!! jaja Aquí estaré pasando cada tanto para ver las novedades...
Ahora si... me voy porque considero que no queda nada más por decir.
 Un beso GIGANTE desde Tucumán (Argentina).
 
                                         Natu "la desconocida"
Aug. 6
maryiwrote:
FELIZ CUMPLE CUMPLE... AMOR....
 
UN BESO GRANDOTE.
June 24
EPALE MAN, BUENO EL BLOG. ESPERO QUE TENGAS UNA BUENA SEMANA. SALUDOS DESDE MARGARITA, CRISTIAN.
Jan. 24
July, 2009

(...)

 
 
 

Introduzca su clave:

(...)

 
 


Muere lentamente quien no viaja,
quien no lee,
quien no oye música,
quien no encuentra gracia en sí mismo.
Muere lentamente
quien destruye su amor propio,
quien no se deja ayudar.
Muere lentamente
quien se transforma en esclavo del hábito
repitiendo todos los días los mismos
trayectos,
quien no cambia de marca,
no se atreve a cambiar el color de su
vestimenta
o bien no conversa con quien no
conoce.
Muere lentamente
quien evita una pasión y su remolino
de emociones,
justamente estas que regresan el brillo
a los ojos y restauran los corazones
destrozados.
Muere lentamente
quien no gira el volante cuando esta infeliz
con su trabajo, o su amor,
quien no arriesga lo cierto ni lo incierto para ir
detrás de un sueño
quien no se permite, ni siquiera una vez en su vida,
huir de los consejos sensatos...
¡Vive hoy!
¡Arriesga hoy!
¡Hazlo hoy!
¡No te dejes morir lentamente!
¡NO TE IMPIDAS SER FELIZ!

June, 2009

Candy va al banquillo...

 
 

Candy al banquillo:

Basta sintonizar en la tele caricaturas japonesas para que salten a la vista mujeronas cuyas minifaldas revelan picones fuera de su órbita, muslos como perniles y pechos que hacen lucir macilenta a Roxana Díaz. Los animes o dibujos animados nipones son blanco de críticas por su carga sexy y violenta. No soy experto en la materia para decir lo contrario, pero sí disiento rotundamente de quienes afirman con nostalgia que las “comiquitas de antes” eran la pulpa del candor.
Popeye, por ejemplo, fue el colmo de la doble moral, un fumador compulsivo que ni para masticar la nutritiva espinaca se sacaba la pipa de la boca; la continua represión ejercida por el agente Matute contra Don Gato y sus pandilla era una muestra indignante de brutalidad policíaca; mientras la obsesión de la Gata Loca por Ignacio reflejó la suma de los síntomas del acoso sexual moderno.
También ayer proliferó la paternidad irresponsable. El caso más bochornoso fue el padre de Marco, quien negligentemente dejó que su hijo de 12 años se embarcara solo en una travesía a otro hemisferio en busca de la madre, luego de que ella lo abandonara por ir tras el vil metal (nunca envió ni medio a casa). Siempre sospeché que la doña no quería ser encontrada: el porfiado carricito ingresaba a una habitación justo cuando la madre salía -¿casualmente?- por la puerta trasera o una ventana. Nadie venga a decirme ahora que tanto desencuentro fue fruto del azar. No, señores. La vieja se le estaba escondiendo.
Aunque lo más depravado fueron las incidencias románticas de Candy Candy, carajita por cuyos devaneos amorosos suspiraron las niñas de hace un par de décadas, y de quien los varoncitos solíamos burlarnos mientras comentábamos públicamente hazañas de Mazinger Z o Fantasmagórico; aunque, a escondidas, no nos pelábamos ni un episodio hasta descubrir quién se pasaría por el filo esa semana a la huerfanita más retozona del hogar de Pony.
Latinoamérica no se distingue por la producción de dibujos animados de éxito masivo; pero el espacio más popular destinado por estos lares a la chiquillería, El Chavo del Ocho, entraña secretos inquietantes ¿O alguien sabe qué hizo y sigue haciendo Doña Florinda cuando recibe en casa al profesor Jirafales y cierra la puerta sin dejarse ver por un buen rato? ¿Sería –y por qué- la madre de Kico quien apodó al educador “maestro longaniza”?
¿Ven? El destape de las heroínas de los dibujos animados es signo de franqueza y, de paso, un estímulo para el encuentro familiar: nunca como ahora padre e hijo comparten, sin pestañear, tardes enteras frente a la tele hasta que abate el cansancio y acuerdan el paréntesis de una partida de videojuego. Pero no de aquella pelotica que rebotaba de un muro a otro con predecible cadencia, nada de eso, sino excitantes aventuras de Lara Croft y su bermudita ídem.

Los mantenidos retan a la crisis...

 
 

Los mantenidos retan la crisis:

  En tiempos de ventisca económica, al pie del chinchorro donde reposa el mantenido arrecian las exhortaciones del tipo: “la cosa está fea… ¿porqué no miras los anuncios clasificados a ver qué encuentras?” o –con menos sutileza- “¡Zángano, haz algo!”. Así que quienes se niegan férreamente a estudiar o trabajar, pese a tener la edad y el vigor para cumplir tales ocupaciones, hoy se las ven negras, siendo precisados a refinar sus maniobras para seguir apantuflados, en gozosa contemplación de los capítulos repetidos de El Chavo del 8. Aquí algunos consejos para quienes fotocopiar el currículo constituye un conato de hernia:

 Recurra a las nuevas tecnologías:
 
  Redes sociales como MySpace o Facebook son una fuente inapreciable para desempolvar antiguos chuleos. Si, por ejemplo, logra ubicar a ese viejo compañerito de escuela al que usted solía vivirle el desayuno en el cafetín, no dude en restablecer el contacto. Eso sí: para cerciorarse de que la víctima siga cumpliendo con el perfil, deslice preguntas como “¿Y estás ganando bien en tu actual trabajo de agente aduanero”? o “Cuéntame… ¿has recibido últimamente una herencia?”.
 Hágase artista:
 
  Es un clásico del mantenido figurar como promesa de la música, la literatura o cualquiera otra rama de las bellas artes, negándose así a la rutina de quince y último, propia de mortales comunes y corrientes y que tanto sofoca la sensibilidad de todo genio. Cuando pasen los años y sus allegados pregunten, impacientes, por la obra maestra, esgrima que el Nobel José Saramago comenzó a publicar luego de los 47 años, o que el príncipe de Lampedusa escribió “El Gatopardo” cuando ya mascaba el agua.
Renuncie al machismo.
 
  Deje atrás las posturas retrógradas y anime a su señora a integrar la lucha feminista consistente en adquirir los mismos derechos y deberes del hombre. No decaiga y aliéntela, también, a llenar la nevera y la mano del parquero a la salida de un restaurante.
 
Estimule a sus pequeñuelos:
 
  No demore en aplicar esa preclara fórmula según la cual hay que vivir de los padres hasta que se pueda vivir de los hijos: si tiene muchachos chiquitos, inscríbalos en actividades extraescolares; pero nada de danza o kárate, sino bisutería, transcripción mecanográfica, arreglo de motores u otro oficio que involucre ingresos inmediatos.
 Diversifique las fuentes de financiamiento:
 
  Depender económicamente de una sola persona es una opción poco sensata: tal individuo podría perder el empleo, arrastrándolo a usted hacia las ciénagas del ladre. No sea conformista y coloque sus huevos en canastas diferentes. Si ya sus viejos, su pareja, tías, amigos de la infancia y vecinos proveen techo y comida, toca indagar entonces si hay vida luego de ésta, espíritus alcahuetes en el Más Allá.
 Sea un indeciso profesional:
 
  Entre si estudiar Derecho o Psicología, la incertidumbre vocacional resulta una excusa eficientísima para invertir largas temporadas con el joystick del Nintendo entre manos (asegúrese de escoger carreras muy demandadas para así pasar meses, hasta años, en la “angustiosa” espera de cupo). Si por casualidad logra graduarse -se han visto casos-, decidirse por profesiones saturadísimas entraña beneficios a largo plazo: podrá excusar su arribo a los niveles superiores de Mario Bros bajo el argumento de que no hay trabajo dentro del mercado laboral por usted elegido ¡Y menos con esta crisis!.
May, 2009

¿Es usted intenso/a?

 
 

¿Es usted intenso/a?

Cada cierto tiempo uno dice o escucha “zutano es intenso”, sin tener mucha certeza de qué se refiere tal afirmación. Así solemos clasificar a quienes le buscan la quinta pata a todo gato, el Diccionario de la Real Academia Española define a las personas dueñas de esta cualidad como “muy vehementes”, mientras los psicólogos dicen que no es bueno vivir con las emociones en constante crispación. Responda el siguiente cuestionario para saber si es usted un individuo a quien nada le hace ni coquito o si, por el contrario, su volcánica intensidad transforma todo a paso en un mar de lava:

Cuando conoce a alguien que le gusta:
1. Espera que esa persona la o lo invite a cenar a usted.
2. Usted la invita inmediatamente a cenar.
3. Le monta, al momento de conocerla, tremenda escena pues esa persona ha cenado en anteriores oportunidades.

Si la tele transmite un capítulo de El Chavo del Ocho, usted suele:
1. Reírse mucho.
2. Cambiar de canal.
3. Comentarle a quien esté a su lado que, con el paso del tiempo, se ha intensificado el drama de la infancia abandonada, fenómeno social favorecido por la desintegración de la familia como célula de la sociedad más el pavoroso colapso de los principios morales.

Si sospecha que su pareja le es infiel, usted:
1. Contrata a un/una stripper.
2. Contrata a un detective privado.
3. Contrata a un sicario.

Lleva en su iPod la colección completa de:
1. Neguito Borjas, Britney, Tito “El Bambino”.
2. Los Melódicos, Abba, Ricardo Montaner.
3. Ricardo Arjona, Amy Winehouse, Madredeus.

Cuando en una fiesta alguien expresa opiniones políticas contrarias a las suyas, usted:
1. Va y se une al trencito de la hora loca.
2. Argumenta su punto de vista.
3. Le lanza el trago encima a ese alguien mientras le vocifera que el mundo está lleno de gente bruta.

Al momento de actualizar su estado en Facebook, coloca:
1. “Tengo sueño”.
2. “Me está dando sueño”.
3. “Trata de ver las señales que te lleven a tu sueño. ¡Coelho, sabio!”.

Si lo invitan a lanzarse en paracaídas:
1. Se niega porque le da miedo.
2. Toma lecciones con un experto.
3. A 50 metros antes de llegar al piso, suelta los arneses que lo sujetan al artefacto para vivir la emoción a plenitud.

Resultados. Sume ahora los puntos de la respuesta ofrecida en cada ítem para descubrir su grado de intensidad.
De 7 a 10: A su corazón de hielo todo le resbala. No sea así y llame a su pobre madre que yace en cama.
De 11 a 15: Está decidido a vivir nuevas experiencias, aunque sin exageraciones ni dramatismos.
De 16 a 21: ¿Qué espera? ¡El grupo de emos de su vecindario espera por usted!
May, 2009

Escenas para Hulka...

 

Escenas para Hulka:

Días atrás los periódicos reseñaron la posible escogencia de Megan Fox -la candente chica de Transformers- como protagonista de la película Hulka (o, en inglés, She-Hulk), adaptación cinematográfica del comic publicado por Marvel a finales de los 70, y donde se narran las aventuras de Jennifer Walters, la prima de Hulk que, al igual que éste, apenas la hacen enojar rompe toda camiseta y mansedumbre para convertirse en un feroz bicho verde muy dado a caerle a trompadas a la fuente de su cólera. Como aún no inicia el rodaje, los guionistas del filme están todavía a tiempo de incorporar las escenas sugeridas por este humilde servidor, propuestas con el único fin de imbuir de mayor realismo esta historia que, según ciertas circunstancias, está muy lejos de ser ficción:
- Jennifer llega a un centro de estética para depilarse con cera caliente el área del bikini. Apenas la esteticista retira de sobre la entrepierna de la heroína la primera banda del pegajoso betún, ésta salta del asiento mientras su piel comienza a tomar un escalofriante color verde grama…
- Es lunes y Jennifer inicia la dieta calórica. Pero, a media noche, no resiste la tentación y abre la nevera para arrasar con una taza de mondongo más dos raciones de helado de chocolate. Removida por la culpa tras saciar su apetito, se convierte en Hulka y embiste contra sí misma.
- Jennifer está en Disney y, al momento de sacar efectivo de un cajero automático, sus ojos se inyectan de sangre luego de advertir el monto de la cuota en dólares consentido por Cadivi.
- Jennifer lava su ropa íntima en la ducha y la cuelga del perchero de la cortina de baño. Acto seguido, se convierte intencionalmente en Hulka para esperar, sentada sobre el retrete, a ver quién se atreve a decirle algo.
- El marido de Jennifer conoce el secreto de su esposa; por lo que, para evitar sinsabores, elige bajarle la tapa al inodoro luego de orinar, llegar temprano a casa los viernes y no beber agua del pico de la botella.
- Jennifer planea ir al supermercado en busca de carne regulada. Para ahorrar tiempo, va de una vez convertida en Hulka.
- Hulka se sirve de sus poderes para que el carnicero le despache 350 gramos de carne regulada. Al instante, le saltan encima muchas otras Hulkas.
- Jennifer se sienta frente a la tele a ver Portadas. No pasa media hora cuando ya los estudios del canal de la colina aparecen desbaratados.
- En un acto de torpeza, el marido de Jennifer le dice: “chica, te veo gorda”. Al volver en sí tras su arrebato, Jennifer ya no es casada sino viuda.
- Jennifer está por entrar a un ascensor. Ignorante de a quien se dirige, un joven le indica cortésmente: “Pase usted… doñita”. No bien Jennifer escucha que es aludida con dicho tratamiento que a toda mujer de mediana exaspera, comienzan a abultárseles las venas del cuello mientras un alarido ensordecedor inunda el sitio: “¡¡¡Cómo que doñitaaaa!!!”.
 
April, 2009

Reglamento de guardería...

Reglamento de guardería:

Cuando se reúnen dos o tres madres de niños pequeños, y que trabajen (las madres, no los niños, aunque se han visto casos), es una fija el tratamiento del tema de las guarderías. Como integrantes de un gremio precisado a dejar en manos ajenas aquello que más quieren, las señoras ventilan apasionadamente las virtudes y no pocas fallas de estos recintos que manejan códigos y costumbres del todo desconocidos para quienes no hayan cruzado esas puertas decoradas con honguitos, muñecas con trencitas, trencitos y demás temitas afines. Fruto de escuchar tales deliberaciones, resumo aquí algunas de las reglas típicas en dichos establecimientos cuya rigurosidad -sostiene más de una progenitora- no tiene nada que envidiarle a Fuerte Tiuna:
1. Debido a limitaciones de espacio, los padres deben reservar cupo en la guardería e iniciar el pago de las mensualidades correspondientes desde el mismo instante en que la madre sospeche estar embarazada. Para mayor seguridad, los progenitores del futuro niño o niña han de cancelar la inscripción antes o inmediatamente después de consumado el acto amoroso (preferiblemente, durante la primera cita romántica que involucre piquito).
2. El personal se compromete a consolar al niño o a la niña que llore durante su ingreso a la guardería, no así a la madre o al padre que hipee, gima o berree también en ese momento.
3. El niño o niña ha de presentar el Certificado de Buena Conducta expedido por la Junta Parroquial y/o la Dirección de Justicia Municipal de donde el cadete, perdón, de donde el bebé resida.
4. La cancelación de la matrícula debe realizarse puntualmente el día 30 de cada mes. En caso de retraso en el pago, el niño o niña será recibido en la guardería, pero no será devuelto hasta tanto no se cubra con la mencionada obligación económica.
5. El niño o niña sólo será cargado en brazos por el personal exclusivamente en caso de terremoto o cualquier otro tipo de movimiento telúrico que implique el desplazamiento de la placa tectónica sobre la cual esté edificada la guardería.
6. El niño o niña deberá traer los alimentos para su desayuno, almuerzo y merienda, preferiblemente carne regulada, paquetes de arroz (no se acepta Parboiled) o cualquier otro comestible que escasee en los estantes de los supermercados, gesto que el personal del parvulario agradecerá profundamente.
7. El personal no se hace responsable si el niño o niña dice una grosería como primera palabra.
8. Al niño o niña que pida escuchar por centésima vez alguna de las canciones de los Backyardigans, será inmediatamente expulsado del establecimiento.
9. Si el niño o niña es muy tremendo, los padres y/o representantes firmarán una autorización que permita el uso de dardos tranquilizantes y/o aerosoles de gas pimienta por parte del personal.
10. Deberá acatarse estrictamente el horario de funcionamiento. Si, cumplido el horario establecido, los padres y/o representante no han venido a recoger a su tripón, la gerencia no se hace responsable por la pérdida del mismo.
April, 2009

Giuseppe ahora es esteticista...

 
 

Giuseppe ahora es esteticista:

Giuseppe, propietario de la barbería donde desde hace años me corto el cabello, lanzó de golpe la observación apenas empezaba su danza de tijeras sobre mi cabeza: “Le veo aquí unas canitas -dijo mientras suspendía en el aire el aleteo de la herramienta-… ¿Ha pensado en teñirse el capelli?”. La pregunta me dejó patidifuso pues yo era de la creencia que las barberías encarnaban el último refugio de esa rudeza impregnada de colonia de romero, más la reciente goleada de Juan Arango como absoluto tema de conversación.
Suponía a estos recintos fortines inmunes a los embates de la industria de la estética masculina que, hoy, avanza a pocas pestañas de distancia de la de las damas (la faena cosmética varonil es ahora tan común que ya el término “metrosexual” parece haber pasado de moda o a nadie asombra). Mientras los caballeros marchaban en caravana a instalarse bajo los vaporizadores de los centros de estética, Giuseppe resistía como un miliciano, blandiendo como únicas defensas la brocha espumosa y su navaja con empuñadura de nácar. Su establecimiento, reducido paulatinamente de clientela, sufría los estragos de esta guerra desigual… hasta ahora.
Nada sospeché el día cuando, entre las publicaciones deportivas revueltas sobre una deteriorada mesita de madera, vi asomarse la punta satinada del último ejemplar de la revista Men´s Health, quizá el olvido de un joven gerente de paso por la barbería con el propósito de informarse sobre alguna dirección. “Se estropeó el control remoto”, pensé la tarde en que la tele, religiosamente sintonizada en enfrentamientos entre el Manchester y el Barça, transmitía esa vez un episodio de “Sudando la gota gorda”.
En visitas posteriores las señales ganaron progresiva contundencia. La esquina del local antes ocupada por periódicos viejos, cedió su espacio a una consola donde se erguía desafiante un calentador de cera eléctrico manejado por la hija de Giuseppe, muy entusiasta al momento de promover entre los parroquianos el atractivo de un pecho privado de vellos (a este servicio lo acompañó después el combo de manicura: reducción de cutícula/corte de uñas/esmaltado ¡con brillo!). “¿Te seco el pelo”?, embistió un día el barbero observándome con gesto ansioso y, sin darme chance a responder, recibí sobre la coronilla el abrasador aliento del aparato. Un par de anchoítas alojadas sin empacho junto a la maquinilla fue la inaudita visión previa al diálogo ahora descrito:
- Lo de esos señores que andan por ahí como si les hubiese caído asfalto sobre la cabeza es por falta de asesoría. Mire aquí –y, rodeos fuera, extrajo Giuseppe la carta de colores (con muestras de pelo y todo) de una gaveta-. Un combinado entre Negro Azabache y Castaño Cobrizo quedaría adorabile
Reinó en el local un silencio macizo.
Giuseppe introdujo una mano en un bolsillo del guardapolvo donde, no quedaba duda, una brochita aguardaba su estreno sobre la cabellera del primer hidalgo que accediera al tratamiento. Del desenlace de aquella situación pendía el futuro del negocio.
Y, claro, primero muerto antes que dejar a Giuseppe en la calle.

Indigentes Fashion...

 
 

Indigentes fashion:

- Caballero, disculpe si lo incomodo, pero… ¿sería usted tan gentil de facilitarme cierta suma de dinero para costear la televisión por cable cuyo servicio están a punto de suspenderme? –me imploró un señor a la salida de una arepera, confirmándome así un fenómeno que venía advirtiendo desde hace algunos años: la aparición de los indigentes fashion dentro del mundo de la mendicidad.
La apariencia del sujeto parado frente a mí con su mano extendida, no correspondía con la imagen que manejamos del pordiosero descalabrado entre jirones de ropa, el pelo en gruesos rulos hasta la cintura y quien, apenas vemos acercarse por la acera, induce a cruzar la calle para no coincidir en un mismo metro cuadrado con tal devastación. El indigente fashion, por el contrario, podría pasar por un maestro, el presidente de la junta de condominio u otro retrato ambulante de la decencia que si te corta el paso será -suponemos erróneamente- para pedir la hora o alguna dirección. De allí que nos tomen por sorpresa.
Los indigentes fashion rechazan recurrir a la misericordia en los sitios menos afortunados de la ciudad, para agolparse a las puertas de los restaurantes del este y en las inmediaciones del Sambil en un comportamiento que recuerda a los zombis de las películas, quienes conservan cierta memoria residual que los lleva a volver a sus viejos espacios para repetir maquinal y nostálgicamente las rutinas de cuando seguían vivos.
A usted de seguro lo ha parado en la calle un sobrio caballero bajo la excusa de que la tarjeta de débito se le bloqueó y precisa efectivo para echarle gasolina al carro, percance que a cualquiera le ocurre; pero el indigente fashion va más allá, suplica según su alcurnia, a saber: parte del monto para adquirir un juego de cuchillos Ginsu o la última versión del Abdominazer.
- Disculpe que abuse de su generosidad, pero es que se me acabaron las medicinas.
- ¿Y cuáles medicinas son esas?
- Herbalife. Por cierto, también se me agotó el Ervamatin -dice el indigente fashion señalando sobre su coronilla una progresiva calvicie.
- ¿Le bastarían veinte de los fuertes?
- Para serle franco, dicha cantidad no cubre ni la mano de obra indispensable para “chipear” el Nintendo Wii de los muchachos.
- ¿Cincuenta entonces?
- Será. Así sea para el saldo del BlackBerry Pearl.
Imposible despacharlo con esa respuesta frecuente en tales circunstancias -“usted se ve enterito… ¿porqué no se pone a trabajar?”-. Nada de eso pues el indigente fashion despierta una inquietante empatía (¿cómo decirle que no a nuestra imagen reflejada dentro de un probable espejo?) que nos obliga a llevar la mano a la cartera y extraer la piedad requerida, mínimo, para unos rolls de sushi más wasabi
April, 2009

Seamos Caballeros...

 
 

Seamos caballeros:

Según un estudio divulgado días atrás por la empresa GPC Consultores, el 95% de 3.000 encuestados de ambos sexos y provenientes de 17 países -Venezuela incluida- coincidió en una misma opinión: la caballerosidad es un valor a rescatar. Que hoy muchas mujeres presidan empresas, juntas de condominio o constituyan el principal soporte financiero de numerosos hogares, no son motivos para que los hombres desechemos la cortesía, trato imprescindible al momento de honrar a estas amazonas del siglo XXI.
“Muchos simplifican la caballerosidad con el hecho de abrir la puerta a una dama o ceder el paso, pero eso es sólo una pequeña parte de lo que este código de conducta implica”, afirma el estudio, añadiendo líneas más abajo que un gentilhombre nunca ha de mostrarse grosero, “por arrogante o rudo que sea su interlocutor”. Así que - aunque las circunstancias se opongan- derroche siempre hidalguía ante las hijas de Eva:
No sea impaciente
Si su señora demora un par de horas en arreglarse antes de salir juntos, no cometa usted la insolencia de apurarla o amenazarla diciéndole que se va a ir solo. En estos casos, invierta ese valioso tiempo dando con una solución definitiva al calentamiento global, luego la cura al cáncer y después -porque sin duda le quedarán algunos minutos extra- resuelva un par de sudokus.
Ceda su puesto
En caso de que usted espere su turno para ser atendido por la cajera del automercado, el pundonor obliga a cederle el puesto a: la señora mayor, la embarazada, la bonita pero también a la no muy agraciada para que no se sienta mal, la que trae un bebé en brazos, la que carga muletas, la que no cumple ninguna de las condiciones citadas pero se coleó, la que trae muchas bolsas, la que pagará un solo producto… no se preocupe, que algún día saldrá del establecimiento.
Vuelva a ceder el puesto
En el ámbito laboral opera la misma lógica que en el caso anterior: si usted compite con una dama para una plaza de trabajo, no se ponga ordinario y cédale el puesto (¡qué falta de delicadeza mostró Obama ante Hillary Clinton!).
Evite preguntas incómodas
Es de mal gusto preguntarle a una damisela su edad o su peso. Si es usted el doctor de la misma, omita averiguar tales detalles.
No la vea fijamente
Regla básica a cumplir, también, durante las despedidas de solteros y en los bares de desnudistas. Cuando la stripper salga a escena, demuestre su nobleza manteniendo la mirada fija en el piso.
No huya
Es sabido que muchas damas integran bandas hamponiles. Si alguna lo sorprende en un callejón oscuro para apuntarlo con un arma, no cometa la vulgaridad de empujarla, alzarle la voz y, mucho menos, interrumpirla cuando ella hable.
Cuando sea necesario, subestímela
Las mujeres odian que las consideren el “sexo débil”, pero más detestan cuando el caballero olvida tal menosprecio en la circunstancia oportuna: si por alguna razón ella lo calumnia vociferándole a todo gañote términos aquí impublicables, mantenga la boca cerrada pues, si osa responder, escuchará de inmediato la frase “¿así tratas a una dama?”.

March, 2009

Instrucción Pre-Matrimonial

 
 

Instrucción Pre Matrimonial

Muchos critican la militarización de ciertos ámbitos de la sociedad venezolana, pero hay un espacio en el que sería oportuno que esto ocurriera: los cursillos prematrimoniales. La Iglesia debería cederle al Ejército el manejo de dichos talleres -que pasarían a llamarse Instrucción Pre Matrimonial- con el fin de adiestrar a los novios para cuando regresen a ese teatro de operaciones que es un apartamento luego de la luna de miel.
Los futuros cónyuges necesitan formarse en Guasdualito o Core-8, comer bachacos y demás bichos para cuando se agoten las provisiones o suba el precio de la cesta básica, y poner pecho a tierra por si se desata una ofensiva de platos y tazas; mientras, las novias ameritan dominar maniobras de contraataque en caso de que el bando hostil llegue paloteado a medianoche y haya que repeler la embestida blandiendo un coleto con la misma agilidad con que Josefa Camejo manejó una bayoneta.
El programa de estudio no debe dejar cabos sueltos. 1° Módulo: Noche de bodas y Tiro al Blanco. 2° Módulo: Fusilamiento de Amigotes y/o Comadres. 3° Módulo: Hijos y demás infantería. 4° Módulo: Visita de Suegra y otros estados de sitio. Tras el simulacro correspondiente, se pasa a la ronda de preguntas y respuestas:
- Oficial (porque nuestro cursillo no lo dictaría el sacerdote de la parroquia, qué va, sino miembros del alto mando, muy competentes en operaciones no siempre bélicas)
¿qué hago si sospecho que mi pareja me es infiel?
- Primero hay que descartar que no se trate de una guerra asimétrica, para lo que se recomienda la utilización de camuflaje o contratar los servicios de un espía; pero no reacciones hasta conocer al adversario y puedas sorprenderlo in fraganti en compañía del traidor a la cama. Entonces, saca a relucir todas tus armas de destrucción masiva.
- ¿Y si es uno el descubierto?
- Mejor que digan “aquí corrió”.
- ¿Cómo enfrentar las visitas inoportunas de la parentela política?
- Golpe de Estado inminente. Para estos casos, se aconseja la guerra biológica, como ponerle mucho curry a la carne guisada, o prescindir del uso de desodorante durante los días previos a la invasión.
- ¿Cuál sería un buen obsequio para el Día de los Enamorados?
- Anuncia desde muy temprano que, en cuanto llegues a casa esa noche, le vas a dar lo suyo a tu pareja.
- ¿Algún truco para reavivar la pasión?
- Sorprende con medios que favorezcan el romanticismo, tales como velas aromáticas, música suave, y fresas que reanimen el frenesí amoroso.
- ¿Qué hacer cuando la relación se encamina hacia la destrucción mutua asegurada?
- Ondea la bandera blanca y pacta un armisticio, una tregua, usando todos los mecanismos de inteligencia para reconquistar el territorio perdido.
- ¿Y si nada de eso funciona?
- En el amor como en la guerra, a veces es necesario desertar para seguir vivo.
March, 2009

TWITTER...

 
 

Twitter:

 
   A la pregunta de “¿Qué estás haciendo?” –o la todavía más intimista sugerida recientemente en Facebook: “¿Qué estás pensando?”- planteada por las redes sociales en Internet, dan pronta respuesta una multitud de personas deseosas de exhibir a quien le interese –o no- los regios o mínimos detalles que componen su vida minuto a minuto. Así, Twitter es la última y minuciosa aplicación con la que un simple mortal puede conducirse como la estrella de su propio reality show y -al mismo tiempo- ser su exclusivo paparazzi.
Tras ingresar a la página web de este servicio o enviando un mensaje de texto por el teléfono móvil, el auto biografiado publica aquellos pormenores que lo ocupan a cada instante, pudiendo también informar u opinar sobre diferentes acontecimientos. Claro, no todos tienen el chance de remitir comentarios como los expuestos por Britney Spears (“Esta noche me presento ante 18 mil personas en Japón ¡Yupi!”) o Bob Abreu (“Pegando cuadrangular en Yankee Stadium con tres hombres en base”), limitación que a muchos no acoquina al momento de consignar, más o menos en los siguientes términos, las breves líneas de un diario personal difundido al mismo tiempo que acontece:
6: 15 am: ¡Hola, me acabo de inscribir en Twitter! ¿Qué tal?
6: 30 am: No sale ni una gota de agua por la regadera, tampoco hay papel sanitario… Malísima combinación.
6: 45 am: Bañándome con tobo ¡Pero en Twitter!
8:10 am: Llegando al trabajo.
9: 20 am: Mirando un pajarito que pasa por la ventana. ¡La vida es hermosa y tenemos que disfrutar cada momento de este milagro irrepetible!
9: 28 am: Mi jefe me acaba de decir que deje de estar viendo pendejadas por la ventana y me ponga a trabajar, o si no ya voy a ver…
12: 00 m: Almorzando en pollera. Voy a guardar los huesos y la alita para dárselos a los perritos de la calle.
12: 55 pm: Buscando perritos de la calle para darle huesos… Perrito, ven, perrito.
1: 05 pm: Rumbo al hospital a inyectarme antirrábica.
1: 50 pm: No hay antirrábica. Pero no importa: La vida es hermosa y tenemos que disfrutarla.
2: 20 pm: Trotando al trabajo que se me hizo tardísimo.
3:05 pm: A la oficina del jefe que me acaba de llamar.
3: 58 pm: Recogiendo mis cosas del escritorio ¿Dónde habré puesto el currículo?
6: 15 pm: Con unos panas en una tasca de la Baralt tomándome unos tragos de despedida.
8:10 pm: Andando ligerito pues dos tipos me vienen siguiendo desde que salí de la tasca.
8: 40 pm: Llamando a la policía para denunciar atraco.
9: 20 pm: Comprándole una Reina pepiada a mi señora. No le he dicho nada de lo ocurrido pa´ que no se mortifique.
9: 46 pm: Llegando a mi casa.
9: 47 pm: ¿Qué hará esa maleta con toda mi ropa en la puerta de mi casa?
9: 50 pm: Argumentándole a mi señora que fue sólo un par de birras con unos panas.
9: 55 pm: Con restos de Reina pepiada en la cabeza.
10: 20 pm: Sentado en un banco de plaza.
10: 30 pm: ¿La vida es hermosa?
10: 43 pm: Sacándome una basurita que se me metió en el ojo y, supongo, por eso tengo la vista aguada.
11: 05 pm: Notando espuma que me sale por la boca... ¿Será por qué no me puse la antirrábica?
11: 58 pm: La vida es. ¡Pero estoy en Twitter!
March, 2009

Resistencia al cambio...

 
 

Resistencia al cambio:

Un choro puso anoche su navaja en medio de mis costillas:
- ¡Dame la cartera! – precisó.
- Señor azote de barrio –respondí con el respeto que en toda circunstancia merece la autoridad-, agarre los reales pero ¡déjeme con vida!
- ¡Aja! Tú lo que quieres es seguir vivo ¿no? Tú lo que buscas es que no te despanzurre ¿ah?
- Sí.
- Pana –me dijo, variando su tono de asaltante por el de experto en psicología motivacional- ¡Tú lo que tienes es resistencia al cambio!
La situación fue bastante ilustrativa: ahora uno no puede mostrarse satisfecho o añadir un pero a la controversia, porque de inmediato te saltan encima con el sambenito de la resistencia al cambio. ¿Agarrarse de una mata para que no te lleve la corriente en medio de una vaguada? Nada de eso: no faltará el entusiasta que te grite desde la orilla: “¡suéltate, no te resistas al cambio!” ¿Tu esposa te pidió el divorcio y tú te niegas a entregarle la casa, el carro, los hijos y el perro? Francamente. No seas retrógrado y deja la resistidera.
La expresión tomó auge en boca de los sacerdotes de la gerencia, quienes cada cierto tiempo necesitan acuñar nombres impresionantes para los cursos a impartir en los cafetines de las organizaciones. Aunque sospecho que el asunto esconde raíces mucho más profundas, entretejidas a lo largo de la historia.
- ¡Pa´fuera! –ordenó el Todopoderoso a Adán y Eva, señalándoles con el dedo los extramuros del Paraíso-. Y cuidaíto pues y me muestran resistencia al cambio.
- Chico, no te me pongas necio, que estos espejitos están del carajo –persuadió el conquistador al indígena guabinoso en canjear sus pepitas doradas por un embuste.
Admito que la frase derrocha acústica profesional, un brillo casi científico, la autosuficiencia de esas expresiones que se bastan a sí mismas para figurar como argumento. Es el tipo de anuncio que desarma cuando te lo sueltan de sopetón y uno ahí, agarrado fuera de base, sin saber qué hacer con el gesto de dinosaurio.
Claro que muchas cosas necesitan transformarse y cambiar. Yo, por ejemplo, todos los días me mudo los interiores, y hasta dos o cuatro veces en la vida modifiqué las iniciales del amor tatuado “para siempre” en la piel. Tal es mi flexibilidad ante las innovaciones, que no me molestaría que Angelina Jolie, por poner otro ejemplo, se viniera a vivir a casa en sustitución de esa señora que toda la noche ronca en mi misma cama.
Pero no me ofrezcas a Whoopi Goldberg porque entonces me mostraré tan reaccionario como una pirámide.
Si algo necesita cambiar, es la dichosa frasecita.
 
 
March, 2009

Viáticos...

 
 

Con todos los gastos pagos:

Lo primero que pregunta mi señora al enterarse que la empresa me envía de viaje, es la razón y el tiempo en que se prolongará la estadía afuera. Luego de apurar esta inevitable muestra de interés, un brillo toma su mirada y hasta se muerde los labios al momento de averiguar lo importante: “¿Y cuánto te dieron de viáticos?”.Así se inicia el vía crucis de los viáticos. Los compañeros de la oficina reaccionan como si uno acabara de ganarle una demanda a Microsoft. “¡Upa, cachete, estás buchón!”, indirecta para que les convide el almuerzo o unas frías, que de negarnos se estrenará por los pasillos nuestra reputación de miserables. Pero recibir viáticos también tiene su encanto, que no es el dinero en sí, qué va; sino la renovación de argumentos para hablar pestes de la compañía.
Y es que ninguna empresa que se respete y siga a cabalidad el principio de la explotación del hombre por el hombre, es decir, ninguna empresa, ofrece viáticos decentes. Es un punto de honor en el manejo efectivo de sus finanzas. Hasta sospecho que en las escuelas de administración imparten una materia electiva llamada “Viáticos o cómo hacer que un empleado sobreviva fuera de la ciudad con 2 mil bolívares diarios”. El caso es que la pichirrería organizacional alienta los resentimientos laborales. “Me envían a Guasdualito por un mes y sólo me dan 20 mil bolívares de viáticos ¡Cuánta mezquindad! Con todo el dinero que ganan…”. Y por ahí uno se explaya en un encendido manifiesto contra el capitalismo salvaje.
Gastarlos con prudencia requiere acoger los hábitos de un faquir ¿No me iré a desmayar si desayuno sólo un juguito? ¿Si pido un quesillo luego del almuerzo, me lo irán a descontar de prestaciones? ¿Si economizo caminando los 15 kilómetros que hay del aeropuerto al hotel (a darse con una piedra en los dientes si es de una estrella), me quedará algo para un Cocosette como recuerdo de viaje? ¿Despilfarro en agua mineral o busco una manguera para mitigar la sed con agua e´chorro?
Lo peor espera al regreso. La relación de gastos. No hemos colocado la primera nalga sobre el asiento en la oficina, cuando ya está llamando la secretaria de administración para solicitar el envío de la relación de gastos. Brilla el enigma que atribula a todo empleado al regreso de un viaje: cómo justificar los traslados en taxi cuando ningún chofer tenía factura. Y de nuevo te llaman de administración, con un empeño que lleva a pensar que la empresa aguarda los 1.500 bolívares que quedaron de los viáticos para pagar nómina.
Porque algo es cierto: así se termine poniendo reales de la quincena debido a que la tarjeta telefónica adquirida para llamar a la madre moribunda no consta como consumo justificado, devolver parte de los viáticos es el mejor ardid para figurar como un empleado virtuoso, de esos a los que el jefe palmea en la espalda y honra con el privilegio de recorrer el mundo con todos los gastos pagos.
March, 2009

Copia oculta...

 
 

Con copia oculta:


  Es agradable recibir un correo electrónico en donde se elogie nuestro desempeño laboral, aunque lo de “agradable” se queda corto cuando dicho mensaje fue enviado con copia a nuestro jefe: en este caso, el término que mejor describe la emoción sentida en ese instante sería “sublime” u “orgiástico”. Por el contrario, resulta una puñalada si el correo echa sapos y culebras en nuestra contra… con copia al jefe (quien lo envía seguramente fue de niño uno de esos acusetas que gustan soltar denuncias del tipo “maestra, zutano no trajo la tarea”).
  Pero existe otra variante aún más temible: cuando el correo quejoso es enviado con copia oculta al jefe, es decir, cuando no sabemos que el jefe sabe y seguimos muy orondos mientras, quizá, ya la gente de Administración echa números en vías al pago de nuestras prestaciones. Temblad ante la herramienta Con Copia Oculta, disponible en todos los programas de correo electrónico con el fin de no dejarle saber al destinatario si un mensaje fue recibido simultáneamente por otras personas, pues la acusación allí contenida (los cumplidos se envían públicamente, casi nunca con copia oculta) tal vez no llegó sólo a tu bandeja de entrada, sino también a la del supervisor, a las de los colegas en tu mismo piso y hemisferio, y –se han visto casos- hasta al buzón virtual de la señora de la limpieza.
 
  La correspondencia enviada, no obstante, merece aún más cuidado que aquella recibida. El correo corporativo de algunas empresas está configurado de manera tal que arriben al ordenador del jefe, a modo de copia oculta, los mensajes despachados desde nuestra computadora de la oficina. “Este jefe chimbo que me gasto me pone a trabajar de más, es que el tipo es un negrero que cree que uno es su esclavo y si te cuento que…” y así se guinda por mail el empleado insatisfecho mientras su superior, instalado sigilosamente frente a su propia PC, echa humo por las orejas. Claro, en estas circunstancias el jefe se hace relativamente el loco pues actuar de inmediato desenmascararía el espionaje ante el resto de la nómina ¿Cómo saber si esto pasa en tu sitio de trabajo? Presta atención a ciertas señales:
· “Hay que ver como se viste la jefecita, es la propia arrabalera, parece un disfraz”, envías un viernes tal mensaje por correo, y el lunes la susodicha se aparece trajeada con pinta de Hugo Espina y el cabello cortado en Studio Luigi.
· “Voy a decir que estoy enfermo y así llegar temprano a la competencia de bolas criollas en la playa”. Durante el torneo se podrá apreciar al jefe montado en un botecito para, mediante el uso de binoculares, verificar el engaño.
· “Pa´mí que el gerente es parcha”. Al día siguiente el infamado empieza a echarle los perros a la recepcionista.
· “Te cuento que el presidente de la compañía es un tesoro, buena gente y muy capacitado”. En menos de un mes el emisor de dicho mensaje disfrutará de un ascenso o, mínimo, un aumento salarial.
· “Ya planché el pasamontañas porque esta noche es el golpe a la caja chica”. Aquí sí es que, apenas el empleado termina de pulsar la tecla send, ya se escuchan sirenas mientras la policía acordona el área alrededor.

March, 2009

MUJER:

Mujer
 
Seas colega, amiga, esposa, amante,
en seriedad, silencio, o sonriente,
seas opaca, oscura o transparente,
desorientada, junto a mí o distante;
 
seas gregaria, rústica, elegante,
tímida, sosegada, vehemente;
luzcas bisutería indiferente,
u ostentosa presumas de diamante;
 
esto es la superficie desalada,
el humo que huye de la llamarada,
la campana que puede enmudecer.
 
Tú eres más, mucho más, eres la herida
que sangra por el mundo, eres la vida,
eres sencillamente una mujer.

 

Felíz día para todas ustedes!!!

February, 2009

Echar carro es un arte:

 
 

Echar carro es un arte...

Los echadores de carro exhiben un atraso inaudito cuando se les compara con los artífices de la nueva gerencia: mientras los jefes de última generación cursan estudios de cuarto nivel y aplican en sus gestiones sofisticadas matrices como la de marco lógico y la DOFA, el echador de carro recurre desde el principio de los tiempos a una misma excusa -“Hoy no puedo ir a trabajar porque amanecí resfriado”- que ningún patrono pila ya ni cree, y cuya repetición cada tres semanas ha colocado a miles de haraganes a las puertas del departamento de Recursos Humanos para recibir su carta de despido.
El mayor anhelo de todo echador de carro es que no se le identifique como tal, en eso estamos claros; pero hay que ir más allá, ponerse a tono con los tiempos y, como imprescindible primer paso, tener definidas Misión y Visión. La Misión como echador de carro casi siempre es la misma: zanganear sin que el jefe lo advierta. Para ello, ha de persuadir a este incrédulo personaje que usted es el empleado más hacendoso de la empresa, que su entrega al trabajo resulta inconmensurable
¿Cómo alcanzar dicho objetivo para luego partir de rumba un jueves al mediodía sin temor a las represalias? La maniobra estilada por los principiantes es quejarse mucho y hasta fingir una crisis nerviosa por culpa del exceso de trabajo, nada mal como inicio, pero el abuso de esta treta podría sembrar dudas sobre sus facultades para cumplir con la tarea asignada… y de ahí a engrosar los índices de desempleo sólo hay un paso. Pues, y aunque parezca una contradicción, pídale a su jefe que lo colme de un mayor número de responsabilidades (así usted no haya ni tocado los asuntos pendientes), exigiéndole con urgencia los datos para la elaboración del Instructivo de Normas y Procedimientos del año 2015, es decir, ¡atosíguelo al punto de hacerle pensar que es él, y no usted, quien echa carro!
Justificar una ausencia alegando enfermedad es todo un clásico. Y los clásicos son sagrados. Sólo avive esa coartada con aportes extraídos del mundo de las candilejas, pero antes tenga clara su Visión. Si usted visiona que faltará el próximo lunes porque el fin de semana tiene un matrimonio en otra ciudad, actúe anticipadamente y el viernes a media tarde finja temblores seguidos de un estrepitoso leñazo contra el botellón de agua de la oficina; si usted fue bendecido con habilidades histriónicas a la par de las de Meryl Streep, no dude en incrementar en unos tres grados centígrados su temperatura física como evidencia de fiebre alarmante.
¿Ya forjó esa otra joya de la echadera de carro como lo es sumarse a un grupo para la elaboración de los deberes académicos? ¿No ha entregado unos balances bajo el pretexto de que organiza el equipo de bolas criollas de la empresa? ¡Excelente! Pero recuerde que todas las justificaciones se subordinan a un principio común: la buena memoria, no le vaya a ocurrir como a un viejo compañero de trabajo a quien cada cuatro meses se le moría la abuela para, el lunes siguiente a la celebración del velorio, llegar reluciendo un llamativo bronceado. A punto de ser despedido porque al año y medio el olvidadizo “deudo” llevaba unas cinco abuelas fallecidas, tuvo, eso sí, una acrisolada iluminación: asegurar que en el área de reproducción de documentos, justo detrás de las cajas de tóner, se le aparecían las difuntas.
Y ya no hubo manera de hacerlo sacar una fotocopia.
January, 2009

Los Cachorros:

 
 

Los cachorros...

Cuando parió en casa la Cocker Spaniel, mi señora fijó la política de no vender ni regalar los cachorros al primer advenedizo que tocara a la puerta. Nunca sospeché que el asunto llegaría tan lejos.
La primera regla fue descartar a los niños como adquirientes. Aunque los pequeñuelos exhiban vivaces manifestaciones de afecto ante los cachorros, mi señora –con mucha inteligencia, hay que reconocerlo- desconfía de la constancia infantil: nadie garantiza que el paso a la adolescencia no extinga la emoción inicial, o que el deslumbrante arribo de un Nintendo Wii confine a un segundo plano la atención al cachorro (tampoco califican los muy, muy ancianos, que el perro les podría sobrevivir y quedar a la deriva).
Las parejas de jóvenes novios también son rechazadas tajantemente porque, argumenta mi señora, “mañana se pelean y quizá busquen deshacerse de la mascota que le recuerda a zutano”. Otra categoría para la elección es el estado de salud físico y mental: el solicitante ha de relucir la energía y el ánimo precisos como para sacar de paseo al can mínimo una vez al día, trámite durante el cual ha de lanzarle la pelota por varias horas, sin exhibir muestra alguna de agotamiento y hasta que el brazo del mentor se acalambre o también salga disparado por los aires en compañía de la esfera de goma.
Exige cierto perfil socioeconómico, amén de un grado de compromiso suficiente como para sustituir la compra de un vestido nuevo por vacunas, desparasitaciones más las periódicas consultas donde el veterinario. Para evitar el hacinamiento canino, mi señora es rigurosa en materia inmobiliaria: apartamento de no menos de 135 m2, preferiblemente quinta con patio o casa en la playa.
Los poquísimos candidatos que cumplen las exigencias –adulto de edad promedio, soltero/a o en una relación sentimental estable, física y psicológicamente sano, solvencia económica, vivienda espaciosa y ¡bajo ninguna circunstancia con antecedentes judiciales!- son sometidos a interrogatorios (que no pueden llamarse entrevistas) equivalentes a los formulados en una oficina encargada de adjudicar niños en adopción.
- ¿Qué haría usted si el perrito le mordiera su zapato favorito…? –le lanza mi señora esa conchita de cambur al aspirante.
- Bueno, esteeee… lo regañaría con un periódico.
- ¿Cómo?- reacciona mi señora alarmadísima, pues según ella la respuesta correcta sería exhalar un largo suspiro para en la quincena siguiente, zarandeada por la ternura, contarle el episodio a la vendedora de zapatos.
Ya vamos para tres años en los que cinco bichos nos tienen la casa, el corazón, y otra vez la casa patas arriba; y a medida que pasan los meses mi señora (cuando vamos en el carro se le moja la mirada siempre que nota a un perro arrollado en la vía) acentúa sospechosamente los requisitos para conseguir al amo ideal…
Pero nada que Bill Gates viene a buscar su cachorro.
January, 2009

Cotillón:

 
 

Cotillón...

Muchos padres echan pestes en contra de la cruz que significa ir con sus hijos a una piñata, la gritería allí imperante más la angustia de lanzarse al piso para socorrer a sus tripones en la recolección de los coroticos; pero la actitud de casi todos de los que así opinan cambia drásticamente cuando en una fiesta corporativa el anuncio de la hora loca les ilumina la mirada, saltando de sus asientos con las manos extendidas para no quedarse por fuera durante la distribución de los parches de pirata, la serpentina y los cintillos fosforescentes que componen el codiciado cotillón.
Para quienes se creen muy mayores como para disfrazarse en carnaval, este transitorio Río de Janeiro ofrece el mismo profundo significado de la ceremonia carnestolenda. Y es que el cotillón detona un carnaval en miniatura. El ascensorista de la compañía, usualmente cascarrabias, gana la pista de baile convertido en un extracto de Popy, mientras una tiara de plástico cumple el maleficio de transformar a la tímida asistente de Administración en el alma de la fiesta. Nadie se salva. No falta quien le encasquete un colorido sombrero de goma espuma al enfurruñado en su mesa que, apenas se asoma la primera garota, recoge una matraca del piso para unirse al jolgorio.
Se libran feroces luchas por adquirir las piezas exóticas. Señoras varias acorralan en una esquina al responsable del reparto para implorarle que les consiga una peluca fucsia de las que sólo hay tres en el salón (he presenciado tráfico de influencias, recriminaciones ante la sospecha de algún tipo de ventajismo y hasta terribles amenazas si de inmediato no se imparte justicia en la distribución de los antifaces). También hay resentidos, gente carcomida por la envidia durante el resto de la noche, sin ningún otro pensamiento que la definición de la estrategia a seguir para adueñarse de un tocado de indio sioux… aunque la maniobra exija arrancarle la cabeza al aborigen.
Así transcurre la velada con festejantes a medio lucir como los escapados de un circo que bajará su carpa una vez consumida la última gota de licor.
Al término de esta piñata para adultos, descarrilado el trencito hace rato ya, los supervivientes parten en zigzag rumbo al estacionamiento, prometiendo volverse a ver lo antes posible mientras se valen de sus últimas fuerzas para soplar un silbatico de plástico. Algunos cuelgan del espejo retrovisor de su vehículo la guirnalda de inspiración hawaiana como recordatorio para cuando un día de semana, ya de traje oscuro e inmersos en una cola descomunal, acordarse que hace poco se permitieron ser infinitamente absurdos, estrafalarios; una vez perdido el sentido del ridículo fuimos felices, irresponsables, por un par de horas otra vez carricitos.
January, 2009

Reloj del PC...

 

Reloj del PC:


El del PC es la envidia de los viejos relojes. Si en la antigüedad a un griego se le caía su reloj al piso, corría en busca de una escoba para barrer aquel arenero, mientras los egipcios se quedaban sin tiempo a mediados de un eclipse solar; pero el reloj del PC es ajeno a estas incidencias. Así le entre un virus a la computadora y haya que formatear el disco duro, llamar al técnico para que anuncie la irreversible desaparición de los archivos… al reloj del PC no le pasa ni coquito, es lo único que permanece intacto tras el desastre, como esos insectos invulnerables a la radioactividad que –dicen- nos sobrevivirán algún día.
Puede que el reloj despertador se quede dormido y olvide despertarnos cierta mañana, que la acumulación de polvo liquide al cucú anidado en casa de la abuela, pero el reloj del PC ni siquiera precisa de relojeros. Es global ¡y hasta atómico si usted lo sincroniza con un servidor web! Tan meticuloso en sus funciones que así vayamos a otra región del planeta, el ordenador portátil seguirá emitiendo órdenes ajustadas al nuevo huso horario (aunque se corre el riesgo de llegar a una cita de trabajo con un segundo de demora cada 30 millones de años. Nada es perfecto).
Tomo el ejemplo del caracol que deja un rastro de baba en la pared. Somos el caracol y el reloj del PC la huella pegajosa y así juremos al jefe que enviamos el informe por mail a la 1:00 p.m., el reporte generado por este vigía virtual delata que fue a la 5:00 p.m., que nuestra ausencia en la junta es imperdonable porque fecha y hora fueron notificadas con exactitud y bastante anticipación por el Calendario de Tareas. También cronometra el relajo -¡no faltaba más!- y basta echarle una ojeada de las muchas que le entregamos al día para advertir que ya está bueno de chacharear por teléfono, ver nalgas en la red, y a cerrar la ventanita del Messenger para reincorporar los dedos a la sección remunerada del teclado.
Como algunos de sus colegas, es muy útil para medir el pulso, aunque las palpitaciones seguidas por el reloj del PC no corresponden a las del corazón: ciertos relojes pulsera renuncian a seguir andando si a la muñeca de su dueño no llega el ritmo cardiaco. El reloj del PC no incurre en tal sentimentalismo, sino que permanece firme sobre sus patitas negras en la esquina inferior derecha de la pantalla para seguir su curso ante el nuevo usuario de la estación de trabajo.
Tan compasivo que ni siquiera se le escucha cuando dice tic tac.

January, 2009

LA ESTUPIDEZ SIEMPRE INSISTE...

 
 

La estupidez siempre insiste

 

Informe de Pasantía.

 
 
 

Informe de Pasantía...

Respetado profesor:

Sirva la presente para informar sobre las actividades por mí ejercidas en una prestigiosa compañía donde -con el propósito de aplicar en el mercado de trabajo los conocimientos teóricos obtenidos en clase- serví como pasante durante los últimos 12 años, experiencia que me fue de gran provecho para el desarrollo de las habilidades y destrezas en vías a mi futuro desempeño profesional. Por ejemplo, yo antes no sabía hacer café. Me quedaba malísimo. Ahora soy toda una autoridad en la preparación del guayoyo (el preferido de la asistente de Presidencia) y del marroncito (con bastante azúcar para los motorizados), además de obtener una meritoria experticia al momento de cambiarle el botellón al filtro de agua.
Durante el periodo en cuestión los miembros de la compañía, desde el mensajero hasta la señora que limpia, se mostraron muy comprometidos con mi proceso de aprendizaje, a tal punto que todos y cada uno de ellos ejercían sobre mí una función de jefatura, adiestrándome en las áreas estratégicas del negocio, tales como sustituirle el papel a las fotocopiadoras y los cartuchos de tinta a las impresoras. Y si se colgaba una computadora o se perdía un sacagrapas, no dudaban en señalarme como responsable con la noble intención de forjarme el carácter. A este desinteresado propósito atribuyo también el hecho de que en diciembre pasado, durante los preparativos para el juego del amigo secreto, olvidaran añadir mi nombre entre los papelitos, seguro para no distraerme de mis ocupaciones fundamentales, cosa que hubiese ocurrido si la semana anterior, cuando fue mi cumpleaños, me hubiesen sorprendido con una torta de piña, como es la costumbre entre los empleados de aquí.
Conocedores de mis numerosas responsabilidades académicas, no se atrevían a importunarme convidándome a almorzar en el cafetín (yo solía comer un sanduchito de queso en el escritorio) ni a sus acostumbras salidas los viernes de quince y último. Siempre fui objeto de un trato especial. Entre el grupo de secretarias, por ejemplo, hubo una muchacha de la cual me enamoré perdidamente. Una tarde al invitarla al cine me respondió levantando su mirada del pintauñas: “Yo no salgo con pasantes”. Pobre ángel. Temía que si llegara a saberse de lo nuestro no me dejaran fijo. Ese día cobré noción de la grandeza humana que en una oficina se mueve alrededor de la figura del aprendiz (por cierto, eso fue lo único que cobré durante los 12 años allí).
Fui precisado a resolver emergencias laborales. Como aquella noche cuando el jefe me exigió adelantar el trabajo en su oficina. Tras cerciorarse de que no quedara nadie más, me dijo, parándose frente a mí: “imagínate que ésta es la Casa Blanca, yo Bill Clinton, y tú la pasante Lewinsky”. Gajes del oficio.
Ya superada esta enriquecedora etapa de aprendizaje, atesoro la experiencia necesaria para hacerme un nombre en mi profesión, tener éxito, montar mi propia empresa y, entonces, disponer de un pasante a quien transmitirle todo lo que yo aprendí.
Espero con ansías que llegue ese día.
 

La reina de las respuestas

 

La reina de las respuestas...

  

December, 2008

Chucky Navideño...

 
 

Chucky navideño:


Ningún artilugio actual supera la precaria nobleza de los trastes que acompañaron las navidades de nuestra infancia: aquel muñeco de nieve armado en el colegio con una engrapadora y docenas de vasos plásticos marca Selva; las lucecitas de aspecto extraordinariamente parecido a un puercoespín cuyos aguijones, si no eran manipulados con precaución, podían abrirte una raja en el dedo; el arbolito de aluminio que cada año salía de su caja más arrugado y con menos ramas, como si la flora artificial también envejeciera hasta morir.
Mi señora se niega rotundamente a compartir esta nostalgia porque ahora todo eso y que es de mal gusto, ajustando la ornamentación decembrina de nuestro hogar a las novedades tecnológicas. Miro alrededor y me descubro rodeado por los posibles personajes de una novela de Stephen King: esqueletos de renos hechos de alambre y que giran la cabeza de aquí para allá; un ángel a baterías que empuña una vela como si se tratase de un arma blanca, zarandeándola de un lado a otro según acostumbran los azotes de barrio o Norman Bates, el asesino de la película “Psicosis”, al momento de tomar la vida de una dama en la ducha.
Sospecho que tanto arrebato técnico obedece al pique para ver quién luce la decoración navideña más extremosa. No es una disputa declarada formalmente, pero en los ojos de la vecina que estudia con esmero la guirnalda musical colgada en la puerta del 4B, arde el espíritu de la competencia y yo diría que hasta un destello de envidia ante el cargamento de lucecitas puesto en el balcón del 6A, centelleante hazaña que sin duda consume la mitad de la energía eléctrica suministrada por la represa del Guri. El tiro de gracia que decide la lucha es despachado sin duda por el número de molinos móviles, pastores y ovejas en el pesebre: algunas versiones hacen pensar que el nacimiento del Mesías estuvo más concurrido que el concierto de Shakira en La Carlota.
Aunque entre las posibilidades ofrecidas por la mecánica al servicio de la decoración navideña, hay una que genera el mayor escalofrío: un San Nicolás de la altura de un niño de tres años que voltea el rostro hacia donde uno camine, parpadea y menea la zona pélvica mientras desde el interior de su barriga irrumpe el eco de una risotada. Cada mañana aparece en un sitio distinto. Una vez lo descubrí junto al cloro y el jabón de lavar, al otro día cerca de los cuchillos de la cocina y hoy, lo juro, al pie de mi cama.
Puede que muera de sed o de ganas de ir al baño con tanto bicho navideño moderno suelto a oscuras por la casa, pero hasta enero no salgo de mi habitación pasada la medianoche.
December, 2008

Esbeltos en Diciembre...

 
 

Esbeltos en diciembre:

Durante fin de año abundan en los medios de comunicación los nutricionistas afanados en difundir consejos para mantener la salud mediante un equilibrado régimen alimenticio. Las recomendaciones van desde atiborrarse de patilla antes de asistir a una cena, hasta sustituir el champagne por juguito de melón al momento de levantar el brazo en medio de un brindis. Pero… ¡se quedan cortos estos maestros del buen comer! pues diciembre ofrece estrategias insospechadas para ponerse en forma sin prescindir del gozo. Aquí, algunas sugerencias de obligatoria observancia para que su organismo sobreviva a estas fiestas y, de paso, luzca usted en enero una figura excepcional:

Hallaca vegetal
Entre las valiosas opciones sugeridas por los nutricionistas despunta elaborar hallacas con guiso de pavo, pero… ¿ha pensado usted en confeccionar sus multisápidas con sardina o atún? ¡Reemplace el tocino por una deliciosa tajada de queso Ricota! Y si llegaran a ofrecerle una hallaca que no cubra estas exigencias, échela a un lado con desprecio para dejar sobre el plato sólo las hojas de bijao a modo de exquisita ensalada verde. Se sugiere aderezar con aceite de oliva, vinagre y -¡dese un gustazo, que estamos en diciembre!- una pizca de sal.

Jamón medicinal
No basta con comerse sólo las rodajas de piña y la cereza cuando le sirvan jamón planchado. Incorpore la actividad física apremiando al resto de los comensales a utilizar el jamón planchado como pelota de vóleibol a matear sobre la mesa, o válgase del hueso de pernil como bate de beisbol. Si se decide por el fútbol con la bola de jamón, quizá hasta logre mayor número de goles que los alcanzados por la Vinotinto en partidos recientes.

Bailoterapia decembrina
¡Póngase a bailar cada vez que un canal de televisión transmita su cuña navideña!

Triqui traquis adelgazantes
Un extraordinario ejercicio consiste en caminar en horas de la noche por su vecindario. Cuando los carricitos comiencen a lanzarle desde los balcones triqui taquis y chifladores, corra de una acera a otra con el propósito de evadir los juegos pirotécnicos y, de paso, librarse de esos kilitos de más.

Cardio Pabilo
¿Ya degustó la hallaca vegetal? Sería un desperdicio lanzar el pabilo a la basura. Utilícelo para saltar a la cuerda, como cinta de resistencia para personalizar el nivel de tensión durante sus sesiones de Pilates, o empléelo como hilo dental luego de cada comida hasta obtener una dentadura esplendorosa.

Platique con un comensal antagonista
Si ha obviado los consejos propuestos, durante la sobremesa siempre podrá buscarle conversación a algún comensal contrario a la orientación política a la que usted pertenezca. A medida que el otro exponga sus nauseabundos argumentos, echará usted fuera todo lo que ha comido, abandonando el festín con el estómago revuelto, pero eso sí, con su figura intacta.
 

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